miércoles, 20 de junio de 2012

Seis largos meses...

Alguien dijo alguna vez que el tiempo es relativo. Esto viene a significar, más o menos, que la apreciación del mismo varía dependiendo de la situación, lugar o estado de ánimo en el que se encuentre una persona. Al igual que no es lo mismo vivir en España o Italia que en Senegal o Nigeria (démosle tiempo a la historia), no es lo mismo vivir con empleo que vivir sin él. Con esto quiero decir, poniendo otro ejemplo, que seguro que a una persona se le hacen mas pesados los seis primeros meses de un año, si en ellos no tiene empleo, que los otros seis, en la caso de que consiguiese uno. Seis meses. Varias semanas con sus correspondientes días y horas.

Ese tiempo, largo, según desde donde se mire, es el que ha transcurrido desde las últimas elecciones generales en nuestro país. En seis meses, hemos visto pasar huelgas generales y educativas. Paros en sectores como los transportes o la minería. Manifestaciones; muchas. Recortes; demasiados y constantes. Hemos tenido tiempo de observar como, la ahora prima más famosa de España, se disparaba hasta límites insospechados. Hemos presenciado palizas policiales a estudiantes, cómo un presidente de gobierno jugaba al gato y al ratón y hasta un rey a la fuga. Un "no" rescate financiero. Una deuda que se dispara. Un consejo de ministros al mas puro estilo "La banda del patio"... 

Lo peor de todo es que se me quedan cosas en el tintero. Cosas que para políticos y súbditos (que es lo que somos) ya han sido olvidadas. Y eso es lo peor de estos seis meses.

Hemos hecho una transición de un gobierno escudado en unas siglas que no le representaban, a otro que, con la mas insana de las intenciones, trata de "reanimar un enfermo" restándole suero, oxígeno y medicamentos. Un gobierno necio, prepotente, farfullero e hipócrita, que juega con el futuro de su nación, ante una "respuesta" inútil de esta. 

Compañeras, compañeros, en seis meses les ha dado tiempo a perpetrar todo lo anteriormente mencionado y a comportarse de la manera antes citada. Me pregunto, simplemente, si tenemos intención de al menos intentar pararles los pies. Y lo peor de todo, al responderme a mi mismo, me auguro que no, que no vamos a reaccionar.